El software educativo
Mis reflexiones para esta nueva entrada partirán del artículo "Algunas consideraciones en torno al software para Educación Infantil", Urbina. S (2000).
Ya vimos en el Tema 3 las cinco condiciones básicas que debe reunir un software para ser considerado como educativo. A modo de resumen:
- Deben tener una finalidad didáctica
- Deben tomar el ordenador como el soporte (medio) para realizar las actividades
- Deben ser interactivos (se establece un diálogo entre el software y el alumno, ofreciendo respuestas activas e inmediatas a las acciones de los estudiantes)
- Deben permitir la individualización (adaptarse al ritmo de cada alumno)
- Deben ser fáciles de usar y no requerir grandes conocimientos (sino, va en contra de su propósito, que es el de dar soporte al proceso de aprendizaje de distintos contenidos, habilidades, materias,...).
Pero estas condiciones no son suficientes. De acuerdo con Santos, "los efectos del ordenador en niños preescolares dependerán de cómo sea utilizado, y será responsabilidad de los adultos realizar las elecciones apropiadas", elecciones en cuanto a un software adecuado y en cuanto a la utilización del ordenador como una herramienta más debidamente contextualizada.
Lo más alarmante de este tema es que parece ser que tan sólo un 25% de los software educativos están desarrollados adecuadamente; es decir, no persiguen únicamente un fin lucrativo o comercial, sino sobretodo, educativo.
Pero esto solamente atañe al equipo de diseño y producción, a las empresas dedicadas a este campo. Lo que debe preocuparnos no es solamente que un pequeño porcentaje de los programas que podemos encontrar hoy en día en el mercado sean realmente educativos, sino que nosotros (adultos, profesores, padres,...) sepamos diferenciarlos y utilizarlos.
En la entrada referente al Tema 3 (web 2.0 - educación 2.0) hablamos ya de la actual Generación Einstein o, lo que es lo mismo, auténticos nativos digitales. Es fácil caer en el error de creer que estos niños "aprenden" con estas Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación solo porque aprenden a manejarlas rápidamente y sin problemas. Saber manejar no es sinónimo de aprender. Saber manjear significa poseer habilidad, desenvoltura, para utilizar una cosa. Aprender significa que aquella información a la que se está accediendo provoca un cierto cambio en nosotros, un conflicto cognitivo, el producto del cual debe ser siempre asimilado e integrado adecuadamente en nuestro bagaje de conocimientos y destrezas de forma positiva y progresiva.
Hago esta pequeña reflexión porque, como dice Santos en su artículo, muchos padres utilizan estos soportes como recursos para mantener a sus hijos entretenidos. Los convierten en niñeras, en vez de utilizarlos como medios de soporte educativos.
Por lo tanto, ya no preocupa solo que el programa esté debidamente diseñado como para ser considerado educativo, sino el grado de información y criterios que los usuarios poseen y utilizan para elegirlos como software educativo para sus hijos.
Me estoy refiriendo en todo momento a los padres porque nosotros, como futuros docentes, tenemos la responsabilidad de poseer esta información y, como consecuencia directa, la responsabilidad de traspasarla a los adultos responsables de los niños fuera de la escuela: padres o adultos de referencia.
En el artículo de Santos Urbina encontraremos algunas consideraciones acerca del software educativo dirigido a Educación Infantil que pueden sernos útiles para informar a los padres de qué aspectos tener en cuenta a la hora de elegir estos productos.
Creo que como docentes es importante, no solamente que informemos a los padres, sino que demos pie al diálogo y a la reflexión conjunta acerca de la importancia que tiene el "predicar con el ejemplo". Con esto quiero decir que debemos tener presente que aunque el abanico de posibilidades que nos ofrecen las TIC es muy amplio,estas no dejan de ser un medio y, por lo tanto, no pueden utilizarse como sustitutas.
El que los niños puedan "aprender jugando" no significa que debamos dejarles a solas con el ordenador y tomarlo como un "juguete". De la misma forma que se establecen unos horarios, espacios y rutinas para "hacer los deberes", también debe organizarse detenidamente el tiempo y espacio que se dedicará a aprender con los software educativo y, además, y no menos importante, el papel que como adultos deberemos desempeñar en esa interacción entre niño-software.
Prestar atención a las características individuales de cada niño, a sus capacidades, a su ritmo evolutivo, al punto de maduración en el que se encuentra, así como a sus intereses y necesidades, debe ser el punto de partida para elegir qué programas serán más adecuados a dichas características. Una elección que debe partir, no solamente de las características individuales de cada niño, sino de los criterios a tener en cuenta para seleccionar un programa que sea realmente educativo. Unos criterios que nosotros, como profesores, tenemos la responsabilidad de dar a conocer.
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